Emilio Herrera

Emilio Herrera, un destacado inventor

En el último mes hay un ingeniero español del siglo XX, no muy conocido, lamentablemente, que ha estado en boca de muchos. Nos referimos a la figura de Emilio Herrera.

La serie El Ministerio del Tiempo emitió el 9 de junio el capítulo El tiempo vuela con Emilio como uno de sus protagonistas descubriendo a muchos espectadores, entre quienes nos encontramos, al inventor de la escafandra estratonáutica entre otros muchos inventos y descubrimientos.

Además, la casualidad hizo que la emisión prácticamente coincidiera en el tiempo con el lanzamiento del Falcon 9,  así que se nos quedó un mes de junio la mar de espacial. Y a nosotras que nos chiflan estos temas, ¡encantadas!

No hemos querido dejar pasar la ocasión de conocer más sobre sus hitos, que no son pocos. Abruma solo leerlos.

Hazaña tras hazaña

En febrero de 1879 nació Emilio Herrera en Granada, ciudad en la que pasaría su infancia. Su interés por la ciencia despertó desde bien pequeño, influido directamente por su padre quien era militar, pero además organizaba ferias y espectáculos científicos, y por la lectura de las novelas de Julio Verne. Todo ello le convirtieron en un verdadero apasionado de la aviación y la aerostática.

Empezó la carrera de Arquitectura, aunque rápidamente reconduciría su profesión al ingresar en la Academia de Ingenieros de Guadalajara. Allí encontraría una de sus primeras referencias, Pedro Vives, pionero en la aerostática.

Comienza a trabajar en el mundo de los aerostatos, aeronaves provistas de gas que flotan en el aire atmosférico. En los primeros años, realiza diversas misiones como la observación del eclipse solar de Burgos en 1905 y participa en expediciones militares en África. De ahí da el salto a los dirigibles, se convierte en piloto y se dedica a realizar estudios sobre estos.

Una de sus primeras proezas llegaría en 1914, atravesó junto a José Ortiz el estrecho de Gibraltar en avión, primer vuelo entre Europa y África de la historia.

Siguió realizando investigaciones relacionadas con la aeronáutica en toda clase de proyectos. Se atrevió incluso a impulsar una línea de pasajeros transoceánica, la Transaéra Colón, para unir Europa y América. La idea era cruzar el charco a bordo de dirigibles. Este proyecto finalmente quedó en manos de una empresa alemana, pero ello no impidió que Herrera fuera en calidad de segundo comandante en el primer vuelo del Graf Zeppelin.

En los años 20 fue el responsable de la construcción del Laboratorio Aerodinámico de Cuatro Vientos. No solo eran unas instalaciones punteras, con un sofisticado túnel de viento, sino que además sirvió de semilla para la aeronáutica en España. Aquí vieron la luz muchas investigaciones, experimentos y proyectos como el autogiro de Juan de la Cierva, predecesor del helicóptero. Fue un impulso para las futuras generaciones de aeronáuticos de nuestro país.

En la siguiente década se embarca en uno de los proyectos más ambiciosos de su carrera, diseñar un globo capaz de ascender a las capas más altas de la atmósfera para poder estudiar la estratosfera. Proyecto que nunca acabaría, se quedó a las puertas de realizar las primeras pruebas.

El estallido de la Guerra Civil truncó su sueño. Sus convicciones políticas hicieron que tuviera que exiliarse. Mientras, tristemente, en España poco a poco fueron quedando anulados sus logros y olvidada su figura. Desde su exilio en Francia siguió desarrollando su actividad científica, llegó a trabajar para la Agencia Espacial. Y, posteriormente, para la Unesco en Suiza a donde llegó por la recomendación de nada y nada menos que Albert Einstein. En Ginebra pasó los últimos años de su vida.

Desgraciadamente, los tiempos que le tocaron vivir y las circunstancias políticas que lo rodeaban no hicieron justicia a su gran trayectoria. En su momento, la repercusión y reconocimiento de sus inventos alcanzó escala internacional. Hasta tal punto que tanto la Alemania de Hitler como la NASA intentaron reclutarle. Ofertas que fueron rechazadas por Emilio y no llegaron a materializarse.

Por muchos de sus inventos se le consideró un adelantado a su tiempo, incluso en lo que a divulgación se refiere. En aquella época llegó a tener programas de radio en los que hablaba de ciencia y tecnología.

La escafandra estratonáutica

El invento de la escafandra estaba unido al proyecto de Herrera en el que quería diseñar un globo capaz de elevarse hasta las capas más altas de la atmósfera. Lógicamente, los tripulantes requerían un traje especial que les protegiera y la mente de Emilio se puso manos a la obra.

Diseñó un traje de 3 capas: lana, caucho y lona reforzada con hilos de acero. Además, para no restringir la movilidad añadió en las articulaciones un mecanismo similar a un acordeón. El casco contaba con un cristal que protegía de los rayos ultravioleta. ¡No le faltaba de nada!

Desafortunadamente, la Guerra impidió que lo probara, aunque sus esfuerzos no cayeron en saco roto. Por sorprendente que nos pueda parecer a estas alturas, su diseño fue 30 años más tarde la base para los trajes que desarrolló la NASA en su misión a la Luna. El primer paso en el satélite terrestre fue dado dos años después del fallecimiento de Emilio. Pese a que él no pudo vivir dicha hazaña, todos los que en ella participaron sabían de la valía de sus avances. Prueba de ello es que Neil Armstrong, como muestra de agradecimiento, al regresar entregó una roca lunar a uno los colaboradores de Herrera.

La verdad es que es un auténtico lujo descubrir a ilustres como Emilio Herrera quien tanto aportó a la ciencia y una pena que cuestiones políticas dejaran en segundo plano su legado. Menos mal que con los años ha recuperado el lugar destacado que merece. Hagamos lo posible por recordar y revivir a todos esos genios olvidados.

Foto de portada de Wikipedia.

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